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  Prof. Ricardo De León
 
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Mi Revolución. ¿Antifútbol o fútbol completo?”

Fragmento extraído de “Mi Revolución. ¿Antifútbol o fútbol completo?”
José Ricardo De León.

¿Hacia dónde vamos?

El fútbol es un termómetro de la humanidad.

Y es por eso que nos interesa, que nos sigue inquietando.

Si no fuera esa la principal razón, hasta deberíamos avergonzarnos de de seguir restando tanto tiempo de lo hermosa y corta que es la vida, para dedicarlo al fútbol.

La vida nos ofrece lo contradictorio de las facetas que nos muestra: riqueza y pobreza, ignorancia y sabiduría; virtudes y vicios; reglamentos y salvajismos anárquicos; racionalismo y pasión.

Y de estos, todos los contrastes que se derivan.

Son muchos contrastes que filosóficamente podemos reducir a dos: tristeza y alegría.

Mi persona los trae juntos con su ser y le han servido para vivir y ahora hasta para morir. Pues me han hecho pensar y es una gran motivación para mí ser: morir pensando.

Siempre pensé en el deporte. Mis ancestros me lo ofrendaron como un bien educativo, que terminó siendo un medio de vida por el tiempo que llevó, que fue toda mi vida.

Llevó toda la existencia y ya no es hora de volver atrás; hay que seguir pensando, sin dejar de soñar.

Creo que hay que pensar para favorecer a los más, que no se debe confundir con colaborar con los mediocres, sino dificultar las cosas para los privilegiados, pensando que se favorecerá a los más infelices.

Los más infelices son la mayoría de los 3.000 millones de adeptos a este juego que pautó mi vida, el fútbol, y la meta es que lo practiquen los más y los aficionados meramente espectadores sean los menos.

Que la alegría no venga de la “mofa” sobre los que pierdan, sino de la inteligencia que usan los más virtuosos, aunque no sean los más aptos deportistas. Que el grupo de los buenos le gane a los ídolos que adornan las virtudes de las mejores personas.

Que los conjuntos prevalezcan sobre las individualidades. Y así pensando, si el espectáculo se transforma en “feo”, que se obligue a cambiar el reglamento.

Que los privilegiados dejen de ser los ídolos individuales y pasen a ser ídolos colectivos, si es que quieren seguir siendo ídolos.

Y así la fiesta será más linda y desterrará poco a poco a los que no piensan en el prójimo, en los demás.

En el fútbol, como lo piensa quien esto escribe, fútbol de pasiones, los espacios se reducen; aún con técnica, con menos individualidades se podrá ganar, pero no se podrá jugar ni pensar. Para que esto no ocurra hay que obligar a razonar, a trabajar, a pensar que las cosas útiles dan trabajo.

Y siendo así se volverá a la belleza, pero para esto hay que cambiar el reglamento y lo “feo” se transformará en lindo. Habrá más goles, habrá alegría y gozará más gente, no haciendo tan difícil lo que no fue hecho con ese fin.

Los cambios tienen que ser paulatinos, como fueron en el básquetbol. Las habilidades no servirán si no se usa el cerebro, pues para lo colectivo se usará ese órgano y no los automatismos irracionales. El fútbol así se acercará al ajedrez donde predomina la razón.

Muchas pueden ser las modificaciones: la portería más grande, el penalti de más cerca, los tiros libres sin barreras, los goles de afuera del área valen dos, el córner (corto) de donde salga el balón (reglamentado específicamente). Y todo lo que ayude a pensar colectivamente, que ocupe tiempo y que establezca claramente que la única diferencia entre los hombres es la inteligencia. Hay que ejercitarla con gimnástica mental: lecturas, apreciaciones auditivas, ópticas, expresiones corporales, artísticas (música, pintura, escultura, arquitectura, literatura, ritmos estéticos, entre otras).

Y entre todas ellas, como una expresión máxima de inteligencia: el fútbol.

José Ricardo De León Mi Revolución. ¿Antifútbol o fútbol completo? Montevideo.

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Foto: José Ricardo De León.