Mientras tanto, el "Profe", aplicando tácticas de Básquet, se dedicó a idear un planteo basado en el juego en bloque , agrupando a todo el equipo en defensa, moviendo a sus 11 hombres en todo el campo de juego, para así reducir los espacios atrás y abrirlos a la hora de atacar.
Además, debía convencer a sus futbolistas de que el rival no podía llegar a su arco. Durante las prácticas, hacía que el equipo suplente saliera jugando (ya que sabía que los "grandes" hacían eso) y el equipo titular marcaba 3 contra 1, sin permitirles pensar.
Sobre esos entrenamientos y para los que lo trataban de "defensivo" De León decía:
"(...) No llegaban y así fueron tomando confianza de que no se les podía hacer goles. Por eso es que en el 76 era tan fácil ganarle a Peñarol y a Nacional, porque ellos querían salir jugando, eran aristocráticos del deporte y les daba vergüenza salir al pelotazo. A veces pasaban 45 minutos sin poder salir y el estadio se quedaba mudo. Recuerdo que en una Liguilla convertimos 19 goles y nos hicieron sólo 3. A Peñarol le íbamos ganando 4 a 0, finalmente convirtieron un tanto, el de la honra y lo festejaron. Por eso me río cuando dicen que mi fútbol es defensivo. Me llaman el antifútbol, pero el primero en usar ese vocablo fui yo refiriéndome a los que jugaban sólo lindo y no ganaban nunca. Yo me dediqué a estudiar y mientras lo hacía los que dicen que José Ricardo de León fue el que deshizo el fútbol uruguayo, se dedicaron a criticar (...)".
Su claridad para transmitir sus ideas era otra de sus virtudes y con frases como: "En el fútbol hay una sola pelota y a ella es a la que hay que marcar”; conseguía conscientizar a los jugadores no sólo de que era posible sino que eran los mejores.
Con respecto a lo último, Beethoven Javier cuenta que cuando empezó a entrenar en Defensor, pasaron un mes, dos meses, tres meses hasta que un día lo paro al Profesor y le dijo: "Yo vengo de la Ciudad Vieja caminando, a mí me está costando mucho trabajo venir..." A lo que De León respondió, "¿Así que querés que te contratemos? Bueno, mirá... (Estaba el plantel en el medio de la cancha entrenando) miralos... ¿sabés lo que pasa? Aquellos muchachos que están allá, para mí, hoy, son los mejores jugadores del mundo y para que vos entres tiene que irse uno, pero para mejorar. Yo no voy a echar a nadie. Ahí es la única forma que entrés vos".
Y de este modo, con su particular filosofía e inteligencia, rompió la historia del fútbol uruguayo en el 76. Sin embargo no fue suficiente para sus detractores.
Aparentemente, recién hoy, más de 30 años después, el día de su fallecimiento, se lo empieza a reconocer.