"Yo empecé a jugar en Defensor en el año 1973, nada menos, tenía 14 años, y seguí jugando, con alguna intermitencia, porque fui en calidad de préstamo primero a Central y luego a Punta del Este, hasta el año 1981. Una década particularmente relevante para el país, trágica, pero también una época donde Defensor fue una especie de tabla de salvación, una especie de respiro, de oasis, desde todo punto de vista. La dictadura era un clima absolutamente represivo, no se necesita decirlo, pero por distintas circunstancias también mi familia debió enfrentar en ese momento situaciones muy dramáticas, muy trágicas. Entonces, en un momento muy difícil de mi vida, vivir la experiencia de Defensor fue realmente una peripecia salvadora, una experiencia muy gratificante. La viví con enorme pasión. La viví desde la gestación de ese proceso que de alguna manera se consolida en el año 1976 pero que venía de atrás. Yo vi al profesor De León cuando dirigía a Defensor en el año 1973, vi la mística que generaba en aquellos jugadores y cuando él retorna, a comienzos del año 76, en realidad la mayoría de los jugadores ya lo conocíamos. Vos pensá en lo que era aquel emporio, lo que era como laboratorio vital. Allí estaba Paco Casal. Yo me acuerdo que cuando me fui a probar a los aspirantes, a mí me pusieron de puntero derecho y el que me marcó fue Paco Casal. La primera práctica: el lateral izquierdo era el Paco y yo por esa punta. Ahí estuvo el Negro Cubilla, en los últimos años de su carrera deportiva, gordo, y todavía un jugador absolutamente maravilloso. Allí estaba Pedro Graffigna, figuras como Jorge Baudilio Jauregui y Francisco Salomón que eran como monstruos mitológicos. Allí estaba, despuntando en los juveniles, una figura como Fernando Álvez. Yo jugué, prácticamente, de quinta hasta primera con Fernando. Allí había dirigentes de primera magnitud como eran los Franzini, que habían generado toda una mística y estaba también, ya en ese momento, la oposición que a su vez era la transición, con Arsuaga y todo su grupo.
El Defensor del 76.
De alguna manera, fue esa dimensión tercerista de Defensor, a la cual yo le doy una dimensión cultural y política en aquel momento muy particular, la que concitó la adhesión. 1976 fue uno de los años más duros de la dictadura en términos represivos, no es casual que ese año la represión se profundizara en el mismo momento en que se estaban discutiendo los proyectos fundacionales de una dictadura que, cumplida la labor comisarial, quería seguir de largo. Estaba el debate entre los memorandum de (Juan María) Bordaberry y las réplicas de los jerarcas militares y de otros dirigentes políticos más o menos afines al régimen. En medio de esas discusiones, en donde también estaban planteados, como hoy sabemos, cursos transicionales, negociaciones transicionales, se produce en mayo el vil asesinato de Zelmar Michelini, de Héctor Gutiérrez Ruiz, de Rosario Barredo y de William Whitelaw, en un contexto donde por otra parte se produjeron otros asesinatos y el operativo Cóndor ya estaba desplegándose, con participación directa de militares uruguayos. En ese contexto, en una dictadura que recrudecía su afán represivo, se produce este hecho, que era un hecho de un poder simbólico enorme. Corrían rumores que Defensor era sospechado de ámbito opositor. Recuerdo aquel famoso episodio donde un compañero, un amigo que jugaba con nosotros, Julio Filippini, en el cuarto partido del campeonato, cuando Defensor jugó contra Nacional (nosotros le dijimos desde entonces ‘Gol y medio’ porque le habían hecho un penal y había hecho un gol en ese partido importantísimo que Defensor empató 2 a 2), él le dedica el gol a su hermano que estaba preso por la dictadura y a sus compañeros del penal de Libertad. Bueno, yo recuerdo al lunes siguiente a los Franzini acompañándolo, a Jorge Franzini y a Julio Franzini, acompañándolo a la jefatura y como en una especie de protección, poniéndose por delante. También recuerdo las discusiones que se daban adentro del plantel entre figuras como Pedrín Graffigna, que tenía toda una postura ideológica, y el Negro Luis Cubilla que tenía otra, pero todo en un clima muy sano, con la batuta magistral del profesor José Ricardo De León que es la persona más inteligente que yo vi en el fútbol. Nunca he visto una persona tan inteligente, nunca he visto una persona que pudiera manejar con tanta sabiduría un plantel, que fuera el director de una empresa que tenía mucho de utopía pero que estaba hecha de trayectorias humanas. El supo hilar fantásticamente personalidades muy fuertes y muy diferentes como las que estaban en aquel plantel y lo hizo magníficamente. Sus charlas, los martes, antes de iniciar los entrenamientos, eran charlas filosóficas. Algún día habrá que hacer esa historia porque realmente eran reflexiones sobre la vida, reflexiones sobre todo lo que el fútbol puede encarna".
José Luis González (Agosto 2001), Editorial Cauce, Montevideo.