Montevideo contaba con plazas
atractivas, como la vieja Matriz o Constitución,
y las más recientes (por ese entonces)
Zabala, Independencia, Libertad y Artola, pero
su único parque era el Prado Oriental,
constituido sobre la base de quintas como las
de Buschental, De Castro y otras. A pesar de
que el decreto era de 1896, la Guerra Civil
de 1897 retrasó las
obras y fue recién en diciembre
de 1901 que pudo inaugurarse oficialmente
el Parque Urbano. Montevideo contaba
con plazas atractivas, como la vieja
Matriz o Constitución, y las
más recientes (por ese entonces)
Zabala, Independencia, Libertad y Artola,
pero su único parque era el Prado
Oriental, constituido sobre la base
de quintas como las de Buschental, De
Castro y otras.
Para
implementar el nuevo espacio recreativo se utilizaron
dos quintas de cuarenta y cinco hectáreas,
que habían pertenecido al Banco Nacional
de Emilio Reus y que cuando éste quebró
pasaron a manos del estado. Se le agregaron
veinte más, llegando así al tamaño
que sigue teniendo hoy.
El cumplimiento de la resolución municipal
recién se pudo efectivizar con el cambio
de siglo, en 1900. El proyecto original fue
obra del Director municipal de jardines, don
José Requena y García, pero luego
intervinieron los paisajistas franceses Charles
Thays y Charles Racine. Fueron sus manos expertas
las que le otorgaron al Parque Urbano su toque
parisién, asemejándolo lejanamente
al Bois de Boulogne con su lago redondeado con
islotes y cascadas.
En 1903 se iba a construir el clásico
castillo, réplica heterodoxa de una fortaleza
medieval. Y no mucho tiempo después,
por el lado de la playa, se instalarían
la primera calesita, tiros al blanco y otros
entretenimientos, incluyendo la primera montaña
rusa.
Como todo evento significativo de la vida montevideana
de principios del siglo XX, la instalación
de este gran espacio público merecía
el decreto de un nuevo feriado. El 18 de setiembre
de 1900 se festejó "El Día
del Árbol", fecha en la que un cortejo
de escolares, militares y civiles se trasladó
desde la plaza Independencia hasta al Parque
Urbano con el propósito de plantar cuatrocientos
árboles facilitados por la Dirección
de Paseos. Con el nuevo culto cívico,
los propios habitantes revalorizaban el atractivo
turístico de la ciudad con vista al mar.
El diseño de este nuevo paseo público
estuvo inspirado en la paisajística y
la arquitectura francesa, dándole a la
ciudad-puerto el tono europeo acorde con la
nueva sensibilidad "civilizada".
Gracias al tranvía –primero de
caballos, y en pocos años eléctrico–
por su cercanía, el Parque Urbano se
transformó en el paseo más popular
de los montevideanos. Los baños de mar
se habían puesto de moda, sobre todo
por razones terapéuticas, y la vecindad
de la playa Ramírez potenció el
atractivo del espacio verde.
El elegante hotel, construido con estilo similar
a los de la costa azul francesa, fue el broche
turístico que necesitaba el lugar. En
poco tiempo atrajo a los turistas argentinos,
mientras los citadinos adoptaban Ramírez
como la playa por excelencia dejando de lado
a Capurro. Varios elementos fueron decisivos
para ello: la condición de playa abierta
al Río de la Plata, el hotel que proporcionaba
servicios interesantes para los bañistas
(de las carpas al agua caliente; del bar a las
toallas), y el mismo parque con sus arboledas
y diversiones.